02 agosto 2013

Día 2: Bangkok - Siem Reap

Cuando más a gusto estábamos durmiendo sonó la llamada del Islam. No, no es que nos hiciéramos musulmanas estando en un país donde el budismo es la religión más fuerte, sino que es el tono de alarma del móvil de Mel.

El trayecto en el tren de Bangkok hasta Aranyaprathet duró unas siete horas. Pasamos mucho calor pero estuvimos entretenidas observando a la gente (nos volvemos muy cotillas en otros países) y mirando por la ventana.

En nuestro vagón sólo éramos tres guiris entre los lugareños: nosotras y Felipe, un chico colombiano al que llamamos Arepa cariñosamente. Enseguida lo adoptamos y pasó con nosotras los siguientes dos días. Desde aquí le enviamos un saludo porque ya es ferviente fan de nuestro blog.

Tras varios trámites fronterizos, que temíamos que serían tediosos pero que al final no lo fueron, llegamos a Poipet, ya en territorio camboyano. El visado fueron 20 dólares más 100 bahts que se sacaron de la manga. Seguidamente compartimos un minivan hacia Siem Reap (10 $) con Arepa y un grupo de gringos que estaban haciendo un voluntariado. El trayecto de dos horas y media se nos hizo eterno porque, como entramos los últimos, nos tocaron unos asientos sin cabezal y teníamos muchos problemas para no invadir el espacio vital de otros viajeros cuando nos entraba el sueño.

Mel haciéndose la mística

El conductor parecía un poco cansado y los norteamericanos con su complejo de salvar el mundo le hicieron parar y tomar un redbull. Pero antes, le pidieron que parara en un lugar seguro, sin minas antipersonas... muy paranoicos.
El Bliss Villa mola mazo

Ya por fin llegamos al hotel Bliss Villa, nuestro alojamiento preferido del viaje. La habitación, con baño, enorme y limpísima, costó ocho dólares por noche. Los anfitriones, una Audrey Hepburt vietnamita y un simpático camboyano fueron amabilísimos y nos dieron un montón de información.

Nos fuimos a cenar con Arepa y a pasear por el mercado nocturno. Para terminar el día nada mejor que un masaje de pies y espalda por 2 dólares, mientras veíamos un documental sobre templos y luchábamos para no quedarnos dormidos.

Al volver al hostal acordamos visitar los templos de Angkor al día siguiente con Arepa y Kiwi, un neozelandés de origen nepalí encantador (Hello Udit, welcome to our awesome blog!). Había que levantarse a las 4.30 para ver la salida del sol en los templos, así que nos fuimos a dormir temiendo la llamada del islam.

2 comentarios:

Maruja dijo...

Elena sigo leyendo tu interesante viaje. Esta noche Paula va a Málaga a un concierto. Feliz viaje. Un beso desde Motril.

Sin pelas y a lo loco dijo...

Amiga, a ver cuándo nos vemos en Sevilla! un beso y ya contarás vuestro viaje a Turquía!